Te echo de menos. Quiero que lo sepas.
Tal vez no te echo de menos como te habría gustado que lo hiciera. Puede que, por decirlo, estoy empeorando las cosas. Pero no puedo fingir lo contrario, fuiste una parte importante de mi vida que no podre reemplazar tan fácilmente. La conexión que tuvimos es el principal rival para mi mente y sería imposible actuar como si no sintiera ese vacío de vez en cuando.
Sin embargo, hay algunas razones por las que ya no formamos parte de la vida del otro. Lo sé. Se que teníamos el potencial para llevar las cosas al siguiente nivel y no lo hicimos. Sé que podríamos haber sido algo increíble y quizás lo mejor que nos haya pasado a cualquiera de nosotros. Pero no lo hicimos. En cambio, una combinación de excusas y dudas entraron sigilosamente en nuestras vidas y nos empujaron lo suficientemente lejos como para dejar hueco libre a más cosas destructibles. Otras prioridades. Otras personas.
No se derrumbó todo en un día, pero a veces siento como si fuera así.
Hubo un momento en el que eras la única persona en quien podía pensar, la que me mantenía despierta por la noche con tus palabras y conversaciones, la que ocupaba tanto espacio dentro de mí. Al siguiente, todavía eras lo único en que podía pensar, pero esta vez me preguntaba si habría sido mejor intentar aferrarme aún más fuerte a ti. Todavía me mantenías despierta por la noche, me obsesioné con todas las palabras que nunca dije y casi me hacen derramarlas todas de golpe encima de ti, pero ya es demasiado tarde para hacerlo, ya no importan. Sigues ocupando todo ese espacio dentro de mí y después de dejar de hablarnos me quede con un agujero enorme.


